He dedicado mucho de mi tiempo a escribir de manera
elaborada pero incoherente, a los amores y desamores que me frecuentan, a los
fantasmas del pasado y a los fantasmas de mi presente; me enamoro efímeramente
a la par que elaboro el duelo, mientras construyo, la razón me destruye
rápidamente el idealismo del amor.
Pero no vengo a quejarme, si algo no ha sido en vano es el
aprendizaje que deja cada frontera que trazo después de un desvelado amorío
nocturno, a este ritmo terminare por delimitarme cada una de las 194 fronteras
conocidas.
He dedicado mucho de mi tiempo a
dibujar de manera romántica el amor, pero me he detenido ante uno que no
necesita de la noche o del día, este se alimenta de mi admiración a ti; no conoce
envidias, pero sabe del entrañable deseo de un abrazo y una palabra de buen
aliento; vive de la gratitud que le
otorgas a cada recuerdo, la misma que siento cuando me pienso afortunada por
haberme elegido para elaborarte mi complicada forma de hacer amistad; porque
ese tacto delicado que tienes para elegir, me ha hecho sentir una mujer
afortunada y amada verdaderamente.
Es muy simple, solo quiero darte
gracias.